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Paracetamol para desayunar

  • Writer: Arizbeth Garibay
    Arizbeth Garibay
  • May 30, 2025
  • 3 min read
¿Quién cuida a la jefa cuando la jefa está enferma?

“No, no, no, no… ¡NOOO!”, repetía mientras buscaba como loca las pastillas de menta en mi tote bag el día que desperté con la garganta inflamada. Tés, mantas, ibuprofenos... lo intenté todo para retrasar lo inevitable.




Esa semana estaba organizando un cumpleaños, un viaje y tres deadlines. Lo último que necesitaba era agendar una laringitis.


Pero mi cuerpo, que no usa Google Calendar, decidió no reprogramar los síntomas. La doctora, después de verme con conjuntivitis y la garganta hecha trizas, fue bastante clara: “Necesitas reposo”.


Spoiler: tenía razón.

Plot twist: no tengo tiempo para ese tal "reposo".




Libertad sin prestaciones.


Y ahí me cayó la pregunta: ¿Por qué estoy cuestionándome si tengo derecho a descansar cuando estoy literalmente enferma?


Hemos romantizado tanto el freelanceo que se nos olvida lo básico: cuando tú te enfermas, también se enferma tu equipo entero. Porque tú eres el equipo entero: contabilidad, atención al cliente, creatividad, ventas, limpieza... y hasta la jefa.


No hay días pagados, ni compañeras que te cubran, ni sindicato que te defienda. La libertad de “ser tu propia jefa” también viene con la culpa de no tener fuerzas para contestar un mail porque tu cuerpo está ocupado en levantar 38 grados de fiebre para espantar a un virus.




Lo que no te cuentan en LinkedIn


No, nada de esto aparece en los temarios de los talleres de mindset con fondo rosita ni en las fotografías de la MacBook en la playa. Ahí nadie te cuenta que tu jefa interna, esa voz que vive en tu cabeza, probablemente te va a decir algo como:

“Dale, un ratito más. En el medievo la gente sobrevivía a la peste, ¿cómo no vas a poder mandar ese brief con un poquito de fiebre?”

Pues te lo digo yo: la "mentalidad de tiburón" no sirve de nada cuando tienes la garganta más cerrada que Blockbuster y el #GirlBossAesthetic no se ve tan aesthetic cuando vas por la vida con la nariz pelada y tres bufandas encima.

Yo sé que las cuentas no esperan. Sé que las facturas llegan puntualitas. Sé que estamos todas atrapadas en esta rueda de hámster llamada productividad y que bajarte no es tan fácil.


Pero te lo digo con la garganta todavía irritada y paracetamol en la mano: lo único a lo que no deberías ponerle pausa es a tu salud. Todo lo demás puede esperar.


Tu cuerpo no es otra reunión de Google Calendar.

No lo reprogrames, escúchalo.




Ojo, esto no es un discurso anti-freelance.


Amo mi trabajo. Elegí este camino. Pero quiero no quiero que dejemos de lado también la parte "no tan cool" de freelancear. La próxima vez que veas a tu amiga freelance tirada en La Caleta un martes a las 11am tomando el sol, recuerda: esa libertad también tiene precio. Un precio que no se ve en LinkedIn ni en las historias de Instagram.


Porque enfermarte no es solo el malestar físico. Es un desajuste logístico, financiero y emocional.




Cuidarnos también es trabajo. Enfermarnos no es un lujo.

No estás fallando por tomarte el tiempo que necesitas para recuperarte.

Estás haciendo exactamente lo que deberías hacer:

priorizarte.




Que tengas un bonito cierre de mes,

tqm.


-Ariz:)



Shotout a mi novio que este mes me ha cuidado un montón y es el que me ha hecho respetar mis tiempos de descanso y me tiene mimadísima. A mis clientes que han sido súper comprensivos cuando por estar trabajando enferma mezclé dos briefs y a los que me dieron el tiempo para recuperarme sin ponerme un sólo respingo. Con gente así, la rueda hamsteriana de productividad es más ligera. Gracias por tanto.



 
 
 

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