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Sobre Jimothy y la necesidad colectiva de inocencia.

  • Writer: Arizbeth Garibay
    Arizbeth Garibay
  • Jul 31
  • 5 min read

Si no sabes quién es Jimothy, te tengo un poco de envidia porque significa que no estás crónicamente en internet, pero también me da pena porque te estás perdiendo un momento maravilloso de la historia de las redes sociales.


Por hacer una breve introducción, Jimothy es un mapache, pero no cualquier mapache. Es un mapache de Seattle con Síndrome de Columna Corta (o eso creen algunos expertos).


Jimothy, el mapache viral

Lo verdaderamente interesante de Jimothy es cómo se ha colocado en el imaginario colectivo de repente, sin una agencia de marketing detrás, sin una estrategia de posicionamiento o una hermana influencer que lo presentara al mundo (cof, cof).


Jimothy simplemente apareció y el internet volteó a verlo. Pero, ¿qué es realmente lo que hizo que decidiéramos como sociedad que el mapache se convirtiera en la celebridad del internet que es ahora?


“Ariz, QUE ES UN MAPACHE REDONDO”, dirán algunos. “¿QUÉ MÁS NECESITAS?”


Analizarlo todo, como siempre. Y si eres de los míos y buscas patrones en los comportamientos humanos, quédate conmigo y hablemos de:


La necesidad colectiva de inocencia en tiempos de crisis.


Jimothy es famoso por existir.


No ha hecho (ni hará) posicionamientos políticos.

No ha dicho (ni dirá) nada "cancelable" sobre ningún país, etnia o ideología.

No ha sido acusado (ni será) de violencia machista, lgbtq+fobia o cualquier otro tipo de violencia.

No se le relaciona con ninguna marca, ideología o movimiento.

Ha robado un par de cosas de la basura de los vecinos, sí. PERO OYE, eso es lo que hacen los mapaches, ¿no?


Jimothy representa toda esa inocencia que se siente como un bálsamo de ternura sobre las heridas de las crisis que atravesamos. Entre las noticias diarias de otros tres casos de corrupción política, documentales de famosos acusados de otro caso de abuso, marcas reconocidas rompiendo los principios más básicos de decencia humana, anuncios de rebajas, segundas rebajas y terceras rebajas, una figura como Jimothy ya no es solamente necesaria, se siente incluso revolucionaria.


La criaturita no quiere que compres nada, no está buscando que votes por alguien.

Aparece de vez en cuando y ya. Y para nosotros, que estamos en constante alerta recibiendo noticias y publicidad, eso es más que suficiente.



La percepción de la vulnerabilidad en internet


¿Te has dado cuenta de cuántos perfiles de gatos y perros con malformaciones han surgido en los últimos años?


Es más, te pongo una fecha: 2020.


Desde entonces, hemos atravesado muchos momentos canónicos que han reforzado en nuestra mente la idea de "proteger" como respuesta a la impotencia frente a lo que vivimos y escuchamos todos los días. La guerra, el cambio climático, las crisis económicas y todo eso que nos afecta sin tener las herramientas individuales para contenerlo, nos hace mirar hacia lo vulnerable con una capa extra de compromiso.


No puedo parar la guerra, pero puedo apoyar a este gatito paralítico, compartirlo, hacerle fanarts, preocuparme genuinamente por su bienestar e incluso, crear comunidades a su alrededor que están al pendiente de él. Y no, no está mal. Yo misma soy fiel seguidora de un par de ellos, pero es importante analizar qué refleja nuestra respuesta a estos perfiles cada vez más comunes y cómo impactan en nuestra percepción de otros fenómenos como el poverty p0rn y la capitalización del sufrimiento y si lo que se percibe es una emoción de ternura genuina o una estetización de la vulnerabilidad.


Las consecuencias psicológicas del contenido

on-demand


Si naciste después del 2005-ish, probablemente esto ni siquiera está en tu radar cultural, pero hubo un tiempo en el que existían canales dedicados a poner videos musicales. No, no era como YouTube. Si tenías una canción favorita y querías ver el video, tenías que sintonizar el canal y esperar que la programación lo pusiera entre un programa y otro, que apareciera en la lista de "los 10+ Pedidos" de la semana para correr por tu grabadora, un cassette en blanco y grabarla (con todo y el sonido ambiente de tu madre preparando la comida de fondo).


Desde que tenemos todo lo que queremos al alcance de un clic y tres suscripciones mensuales, nos hemos desacostumbrado a la sorpresa, a lo espontáneo. Esperamos películas anunciadas con un año de anticipación en plataformas de pago que te estarán recordando continuamente que faltan tres meses, dos semanas, un día. ¡No te lo pierdas!


Hay algo muy humano en la reacción auténtica de sorpresa, de encontrarte algo inesperado. Las estrellas fugaces, una visita inesperada, una flor creciendo entre las juntas de los bloques concreto de la banqueta más seca que podría existir, un mapache redondo haciendo de las suyas en el jardín de un vecino en Seattle...


Baby Jimothy


Todas esas experiencias activan una parte de nuestro cerebro que cada vez parecen estar más dormidas. Que entre el mar de publicaciones que nos piden anticiparnos a absolutamente todo, aparezca fugazmente una figurilla rara que fue grabada rápidamente por un vecino y no por un estudio contratado para crear hype a su alrededor es, por lo menos, divertido.


No hay un álbum de fotos de Jimothy, no hay una suscripción semanal para recibir videos suyos exclusivos, no hay meet&greet que puedas agendar con meses de anticipación y fila virtual. Él solo aparece, alguien tiene la suerte de captarlo en fotografía y eso es todo.



La capitalización de la tendencia.


La relevancia cultural de Jimothy radica en que existe.


Pero claro, una mascota del internet con ese impacto empezará a generar fanarts que se convertirán en playeras, tazas, peluches y todo tipo de artículos comercializables que oye, no me voy a perder. (Si has hecho una playera con tu fanart de Jimothy, escríbeme que te voy a pedir una).


Las tendencias también marcan dónde y cómo estamos como sociedad en un determinado momento y el merchandising es y ha sido siempre parte importante de este reflejo cultural. Hasta que ocurre esto que espero que no pase pronto (pero que indudablemente va a pasar) y que prefiero explicar con esta imagen:



Cuando las marcas se suman a un trend y deja de ser divertido

La conclusión


Jimothy es la representación más viral de aquello que más anhelamos en este momento: consenso sin conflicto. Afecto colectivo. Algo que nos reúna a su alrededor sin discusiones, sin divisiones, sin opiniones polémicas.


Es un mapache redondo y queremos su bienestar.


Eso es todo.


Lo que Jimothy representa para cada quien es un reflejo de lo que necesita escuchar, lo que una parte de nosotros mismos está deseando que le digan sin que el fin sea consumir.


Donde las marcas de skincare te hablan de aceptar la piel imperfecta para venderte un sérum, en Jimothy ves que se puede ser imperfecto y que eso también está bien.

Un influencer va a hablar de salud mental con una serie de videos editados de manera que le generen vistas, likes y colaboraciones durante meses, pero Jimothy es un animalito resiliente que con su mera existencia, te recuerda que se puede seguir adelante, aún sin estar del todo bien.

Un gurú de LinkedIn intentará venderte un curso de 5 pasos para aplicar El Efecto Jimothy 10X en tu empresa, pero para una diseñadora acalorada en algún lugar de Andalucía, Jimothy se convertirá la excusa para escribir sobre esas pequeñas necesidades humanas que reflejamos en lo que nos encontramos en internet y por qué es importante analizarlo más allá de los memes y compartirlo con quien quiera leerlo. Y gratis.


Por ahora, Jimothy está ahí, respondiendo a esa necesidad creciente de aferrarnos a una buena noticia y como todas las tendencias, podrá durar más o menos, pero la mejor manera de hacer que este momento de unión alrededor del mapache perdure y la imagen de Jimothy verdaderamente trascienda, es reconocer que también nosotros podemos ser el avistamiento local que se convierte en una pequeña buena noticia de vez en cuando.


Tqm.



Fanart propio de Jimothy agradeciéndote por leer este blog

 
 
 

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