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Sobre la virtud de la serenidad y el arte de no tener que controlarlo todo.

  • Writer: Arizbeth Garibay
    Arizbeth Garibay
  • Jun 1
  • 5 min read

Mayo pasó como un tren.


Entre la salida de México, la vuelta a España y lo que conlleva volver a casa después de tres meses fuera, siento que Junio será el mes en el que finalmente pueda volver a mi ritmo de trabajo, de rutinas, de ejercicio y de retomar mis hobbies.

Porque yo creería que no, pero el salto al charco me afectó mucho, más allá del cambio de horario y la nostalgia de dejar Guadalajara atrás otra vez, hubo varios factores que tuve que sentarme a analizar para saber por qué mayo me costó tanto y por qué me sentía atascadísima con las entregas y los procesos creativos y productivos de este mes. Y quedó algo interesante que me encantaría compartir acá, por si alguna vez te ha pasado o para que no te pase porque saber qué es lo que afecta es el primer paso:


Lo externo.

Lo que no depende de mí, lo que sí o sí está pasando conmigo, sin mí y a pesar de mí. Vivimos bajo una vorágine de sucesos que no nos permiten terminar de digerir una situación cuando ya está sucediendo otra. Directa o indirectamente, tanto bombardeo de información y de noticias moldean también cómo nos relacionamos con el entorno, afecta nuestras decisiones y muchas veces, nuestras agendas. En mi caso, en un par de ocasiones, estos factores externos han modificado eventos que tenía planeados y que desajustaron por completo la agenda que tenía organizada con puntos y comas. Aceptar estos factores y abrazar esa posibilidad de que las cosas no salgan como las planeamos, también es fundamental para saber tomarlos con calma y pensar en las soluciones con la cabeza fría y no con la frustración de no haber podido concretar algo por una situación que no está (y nunca estuvo) en tus manos.


Lo interno.

Que también importa. Un montón. Para mí, volver a España después de estar en México tres meses, implica cambios físicos que se proyectan en mis horarios de comer, dormir, trabajar y organizarme, pero también cargas emocionales de quien atraviesa ese pequeño duelo de dejar atrás lo que alguna vez fue su casa y su ciudad.

Muchas veces, en el entorno profesional, no nos permitimos aceptar que estos cambios internos con los que estamos lidiando absolutamente todos, también afectan la forma en que trabajamos y respondemos. Creo que solamente una vez tuve un jefe que cuando supo que estaba atravesando un momento difícil en mi vida personal, se dio el tiempo de agendarme una llamada para preguntarme cómo estaba y en esa conversación me dejó claro que lo primero que necesitaba de mí, era que descansara y me aclarara las ideas. Que sí, que había deadlines, que había cosas pendientes, pero que también era importante poner lo que yo estaba atravesando entre las cosas a las que había que ponerle atención.




Ese día algo cambió dentro de Lotso

...pero para bien. Ese día aprendí que con la mente desalineada no iba a estar al nivel que mi trabajo requería en ese momento, que descansar y tal vez, tomarme una mañana y patear un par de pendientes para el día siguiente no iba a afectar a nadie, ni el workflow general de la empresa pero a mí, me ayudaría mucho para regresar mejor y con mucha más claridad.

Entiendo que esto es algo que se dice fácil desde el privilegio de quien estudió una carrera en la que esto es posible pero yo soy la primera que defiende que todos los trabajos en todas las áreas tengan la flexibilidad de darle un respiro a sus empleados. Si yo como diseñadora y creativa entiendo el valor del descanso, mucho más debería importarnos el de los médicos, los profesores o los operadores de maquinarias, por ejemplo.

Entender y aceptar que estos factores externos e internos repercuten de manera directa en lo que yo entiendo por productividad y creatividad, me hizo mucho más fácil detectar y nombrar qué es lo que está frenándome y cómo combatirlo o al menos conciliarlo un poco con mis responsabilidades.


¿Y cómo los llevo ahora siendo freelance?

La verdad es que bien, pero no siempre fue así. Antes, sin un jefe que me dijera que me tomara un día y sintiendo la responsabilidad de sacarlo todo adelante yo solita, solía agobiarme muchísimo cuando se me salía algo de control, cuando veía los deadlines acercándose a mí como esa escena de los elefantes rosas en Dumbo…



Aprendí a base de burnouts que no se trata de llevarte al límite sino de ser consciente de lo que tu cuerpo y tu entorno te están permitiendo hacer.


Lo que me funciona


  • Listas. Notas, recordatorios, agendas, pizarras, post-its y todo lo que me ayude a tener a la vista los pendientes, las entregas, los mensajes, los correos y las llamadas. Y también los socialitos, las salidas, los descansos. Sabiendo qué cartas tienes en la mano es mucho más fácil entender cómo jugarlas.

  • Prioridades. Ordenar según importancia, según el grado de concentración que requieran, según el tiempo que le vas a dedicar o incluso, lo que te hace más ilusión. Priorizar lo que necesita atención inmediata le resta (de momento) una carga gigantesca al resto y te permite enfocarte en una crisis a la vez. O en una tarea específica de tu Notion.



  • Honestidad. Ante todo. He trabajado con personas a las que cada dos días se les descomponía el coche, se les moría otra abuela o se enfermaban de las amígdalas porque no tenían la confianza (o el valor) suficiente de decirme la verdad (que era que estaban en otros ocho proyectos y el mío nunca lo priorizaron), pero yo hubiera valorado mucho más que si sentían la confianza de pasar mi proyecto del número 5 al 8 por cualquiera que fuera la razón, me hubieran dicho que estaban tapados de trabajo y revisar la posibilidad de reagendar o negociar mis deadlines. La claridad, la honestidad y el compromiso son clave.

  • Descanso de lo que está afectando. No, no es que hagamos ojos sordos a las noticias si lo que nos afecta es la geopolítica global (porque a quién no), que ignoremos las notificaciones que nos recuerdan lo que tenemos pendiente o que simplemente hagamos como que las cosas que afectan no existen, pero sí dedicarles únicamente el tiempo que se necesita. Tómate un tiempo para estar informada de las cosas en canales que no promuevan ansiedad, por ejemplo. Date un tiempo para revisar todas tus tareas, pero no estés abriendo tu app de notas todo el rato para afligirte si en el momento no puedes hacer nada. Date un break cuando lo necesites, PERO DE VERDAD. Alejarte físicamente de las cosas no sirve si sigues dándole vueltas en tu cabeza a todas las cosas de las que estás descansando.

  • Hobbies. Hobbies de verdad, no los que monetizas, no los que te van a agregar una línea en el CV, no al que le vas a sacar algún provecho o en el que te estás imponiendo una meta. Ten un hobbie que disfrutes por el simple hecho de hacerlo. Yo me compré unos linóleos porque este verano quiero volver a hacer grabado y varios hilos de colores porque retomaré el bordado también. Por el puro gusto, que hace falta.


Y para cerrar, creo que tengo la cita perfecta, que es una que me gusta un montón y que aprendí en algún momento de mi paso por colegios católicos pero que en verdad integra muy bien el sentimiento de lo que se necesita en momentos de agobio y meses que se sienten demasiado largos para poder con todo:


·…serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar, valor para cambiar las cosas que puedo y sabiduría para conocer la diferencia.”


Espero que junio sea amable contigo, que esté lleno de proyectos que disfrutes mucho y recibas siempre un pago justo por ellos.


Tqm,Ariz:)

 
 
 

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